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Videojuegos y la tristeza: la necesidad de desconectar

Los seres humanos a veces necesitamos evadirnos de una realidad que nos oprime. Hablemos de videojuegos y la tristeza.

No siempre tenemos el cuerpo para jugar. O mejor dicho: para disfrutar jugando. El día a día de nuestras vidas puede hacer que aquello de lo que más disfrutamos y que amamos, los videojuegos, se conviertan más en una vía de escape que en algo que hacemos por placer. Hoy quiero hablar de videojuegos y la tristeza, esa relación que todos hemos hecho alguna vez y que hemos pasado como buenamente se ha podido.

Antes de entrar en faena, eso sí, me gustaría recordaros que tenéis nuestros canales de Twitch y YouTube, pues a veces, la compañía que puede generar un directo o un simple vídeo es todo lo necesario para superar el día. Eso sí, recordad siempre que cuando la situación se supera, lo mejor es acudir a especialistas y no refugiarse en uno mismo.

La aceptación de la tristeza

Voy a ser directo exponiendo el por qué de este artículo, quizás más personal de lo que debiera. Llevo unos días mal, triste y sin demasiadas ganas de jugar a nada. Me siento, enchufo la PlayStation 5 y repaso mi enorme biblioteca de juegos, muchos aún por jugar, y no encuentro nada que me motive. Vuelvo, una vez tras otra, a los mismos juegos que me permiten dejar el cerebro en punto muerto.

Y es que el motivo por el cual me siento así es porque a mi gato, el cual lleva conmigo más de quince años, le detectaron un tumor maligno, incurable, en una visita al veterinario de urgencias. Es triste ver que un ser al que quieres tanto y que te ha acompañado durante tanto tiempo se apaga, y no puedes hacer nada, ni siquiera consolarle o escuchar qué le pasa. Puede sonar exagerado, pero todos los que tengáis mascotas, sabréis lo difícil que es.

A esto hay que sumarle una situación pandémica que, por motivos de salud, vemos nuestras libertades recortadas. La persona que quizás podría hacer que sobrellevase esto mejor se encuentra en otra Comunidad Autónoma y llevamos sin poder vernos varios meses.

La vida social también se encuentra en stand by, ya que quedar con amigos o no se puede o está lejos de ser como antes. Hay que cumplir una serie de normas que, aunque me cuesta, acato con gusto porque salvar vidas es más importante que el goce personal. No obstante, todo esto es el caldo de cultivo para que una situación difícil rompa tu fortaleza y la tristeza y desesperación inunde cada poro de tu piel.

En mi caso es la vida de mi mascota y la imposibilidad de hacer nada mientras veo cómo se consume. En tu caso puede ser el ingreso o la muerte de un familiar. O verte en el paro y sin posibilidad de encontrar trabajo. Puede ser también un desamor. O simplemente, que tu límite de aguantar toda situación se ha roto y quieres estallar.

El problema es cómo lidiamos con esto. Lo recomendable y necesario sería acudir al psicólogo y, como profesionales que son, que nos traten. Lamentablemente muchos no lo hacemos, ya sea por un tema económico o porque simplemente creemos que no lo necesitamos. Nos refugiamos donde sea. Algunos tirarán hacia un camino que nadie debe recorrer, consumiendo todo tipo de sustancias que, a la larga, son peores. Otros, los que estamos aquí, seguramente nos enchufemos a algún videojuego y dejemos el cerebro en punto muerto.

Un refugio de juego

Los videojuegos para mí siempre han tenido ese factor de aislamiento. Ya sea por los mundos envolventes en los que te puedes sumergir en TESV: Skyrim o The Witcher 3, como por la dificultad que te hace no pensar en nada más de Bloodborne o Sekiro, o incluso juegos como Borderlands 3 y Doom Eternal que con su frenetismo endiablado, hacen que jugar sea evadirte del mundo externo.

En mi caso tengo tres juegos que me sirven para esto. Recurro mucho a la saga Dark Souls, a cualquiera de ellos, porque me permite ponerme música o algún podcast de fondo y jugar. Tengo tan interiorizado cada tramo del juego que el sufrimiento que acostumbran a generar estos juegos no me afecta y me permite centrarme en lo que esté escuchando mientras avanzo lo suficientemente concentrado como para olvidarme de todo, pero sin agobiarme por lo que juego.

Borderlands 3 o la saga Hitman también se han convertido en mis juegos de cabecera. Jugar en los niveles más altos de Caos del primero o planificar los asesinatos del segundo, requieren tanta concentración puramente jugable que hace que me abstraiga de todo.

El problema viene cuando ya nada te llena. Rejugar juegos está bien, pero al final tras más de 500 horas te acabas cansando. Llegados a este punto te encuentras en una situación en que jugar a lo mismo de siempre te cansa y no tienes cuerpo para explorar nada nuevo.

Sumergirte en un nuevo juego requiere muchas cosas del jugador. La primera cosa que se le pide al jugar es su tiempo. Ya sea por X o por Y, no todos los jugadores disponemos del tiempo y la paciencia que requieren algunos juegos. Persona 5, por ejemplo, es uno de los mejores títulos que nos ha dado la pasada generación, pero la ingente cantidad de horas que requiere ha echado para atrás a muchos jugadores.

La segunda es ilusión por descubrir algo nuevo, diferente. Rara vez, cuando el jugador está en una situación mala, esas ganas de lo desconocido desaparecen y la paciencia es mínima, lo que hace que dejemos muchos juegos que, en otras circunstancias, nos hubieran gustado.

Entonces, muchas veces se da la situación en la que el jugador busca esa necesidad de evasión de la realidad pero no es capaz de encontrarla. El aburrimiento de jugar una y otra vez los mismos juegos o la frustración de no poder disfrutar de un magnifico juego porque, simplemente, no es el momento, puede sumergirnos aún más en esa negrura que a veces nos rodea.

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Los juegos de la saga Souls son mi refugio particular

Salir de ello es difícil, y estoy escribiendo esto sin saber muy bien qué hacer yo mismo. Pero lo cierto es que todos sabemos muy bien qué debemos hacer en situaciones así. Huir de la soledad suele ser el mejor de los remedios. Tendemos a aislarnos con nosotros mismos entrando así en una vorágine de autodestrucción absurda.

O simplemente deberíamos tomarnos los videojuegos menos en serio. No es necesario que recurramos a ellos cuando sintamos que algo allí fuera está mal. Tampoco es necesario que juguemos a todo o juguemos todos los días. Puede que, cuando los videojuegos ya no llenan ese vacío que sentís lo mejor sea buscar otros entretenimientos, como la lectura o el cine.

Sea como sea, la mejor solución siempre será buscar ayuda externa. Evadirse de la realidad está bien, hace que todo sea más llevadero, pero a la larga puede ser autodestructivo y no haceros ningún bien. Yo mismo escribo esto sin hacer eso que aconsejo, pero supongo que tenía que soltarlo.

La mente humana es tan compleja como cada persona. No todo es ABC y no todo os tiene que gustar siempre. La tristeza, la frustración o las ganas inenarrables de querer cambiar una situación que no puedes son tan comunes que no debéis esconderlas ni pasar el duelo solos.

Recordad, culpables, que no estáis solos. Que tampoco hace falta forzar algo que normalmente os gusta pero que ahora no es el momento. No os sintáis mal si ese juego que todo el mundo adora no os entra, y mucho menos os pese no disfrutar de vuestro hobby favorito. Disfrutad, de lo que sea, pero disfrutad, y no os dejéis arrastrar por la pesadumbre que todos, algunas veces, sentimos.