Solo hace falta asomarse a Twitter o a cualquier foro ahora mismo para ver que no hay consenso alguno al tener una opinión de Nintendo Labo. En medio de todo esto, están los que ya lo han probado, quizá los únicos que puedan tener una opinión fundada. Y aquí si parece haber consenso: no es solamente cartón. Tiene mucho detrás.
Pero más allá de lo interesante que cuánto se puedan divertir los niños o adultos montando los sets de Nintendo Labo, su anuncio es interesesante por otra cosa. Cuando se lanzó la primera línea de amiibos hubo un eslogan que Nintendo España repitió con fuerza, sobre todo a los periodistas. «Nintendo vuelve al juguete», nos decían, en referencia a aquella época en la que Nintendo había sido una juguetera.
La reflexión que da el tiempo ha demostrado que los amiibo tenían poco de juguete y mucho de merchandising. No están pensados para jugar con ellos sino para usarlos para desbloquear contenidos en los juegos. Son más bien figuritas de colección y/o exposición.
El segundo intento de Nintendo en esto del espíritu juguetero fueron sus consolas en miniatura. Aunque de nuevo, la idea no terminaba de calar entre el público objetivo de los jueguetes: los niños. Las versiones en miniatura de NES y SNES iban claramente dirigidas a los nostálgicos, no a los niños que quisieran descubrir los clásicos. La tirada limitada de esas consolas, de hecho, desplazó incluso a esos nostálgicos y el público acabó siendo una banda de chupasangres especuladores.
Pero en alguna reunión creativa en Nintendo tuvo que seguir calando el concepto de «volver al juguete», y ahora sí que lo han logrado. Nintendo Labo es un producto perfecto para esa estrategia juguetera (¡si hasta podría venderse en cualquier tienda Imaginarium!). En Nintendo Labo, los juegos son algo accesorio y Nintendo lo sabe. Los niños ya tienen sus tablets o móviles para eso. Lo que están vendiendo es la experiencia de disfrutar con un piano que has montado tú mismo; de poder crear un coche teledirigido o de convertirte en un jodido robot, como si de un Gundam o un EVA se tratase.
Es interesante como tras el fracaso de Wii U Nintendo se ha esforzado en diversificar todo lo posible sus vías de negocio. Seamos claros: los amiibos, las consolas Mini o Nintendo Labo no son accesorios para su consola principal, que es Nintendo Switch. Son complementos. Con una próxima consola portátil todavái en el aire, Nintendo no querría jugarse su éxito o fracaso a una sola carta (Nintendo Switch). Es bastante probable que todos estos productos diversificados lleven años sobre el tablero como una forma de tener ingresos alternativos si Nintendo Switch hubiera tenido la misma acogida fría que Wii U.
Algo que me hace incidir en esta idea es precisamente el carácter0 «infinito» que tienen los amiibo y Nintendo Labo. Mientras que nutrir de juegos a una consola es un proceso largo y costoso, la fabricación de amiibos y sets de piezas para Labo es bastante rápido en comparación. ¿Qué hubiera hecho Nintendo si Switch se hubiera dado la hostia el año pasado? Vender por kilos los amiibos y estas maquetas de cartón.
A pesar del recuerdo que ha quedado en la gente, Nintendo no puede estar más contenta con Wii. Fue una de las consolas más exitosas de la historia y le reportó jugosos beneficios. No obstante, a pesar de que Switch es un trozo de hardware delicioso, quizá su portabilidad no es suficientemente atractivo. Uno de los puntos fuertes de Wii fue demostrar que había otras formas de jugar, más sociales, que atrajeron a un gran número de personas que no eran los clásicos gamers. Gente que nunca había jugado a videojuegos, personas mayores o niños. Esa fue la fórmula de éxito de Wii.
Según datos de Nintendo de octubre de 2017, en Estados Unidos solamente el 90% de los usuarios de Nintendo Switch tiene más de 15 años. Además de servir como una forma alternativa de ingresos, Nintendo Labo viene a intentar calar entre el público joven. Nintendo no es tonta y sabe perfectamente que los niños que hoy se compren Nintendo Switch, dentro de unos años van a ser clientes potenciales. Y una consola con un catálogo sólido, que presente nuevas ideas (la portabilidad) y que tenga formas alternativas de jugar (Nintendo Labo) tiene todos los ingredientes para convertirse en eso que los anglosajones llaman the next big thing. El próximo pelotazo.
Así que ahí va mi previsión para los próximos cinco años de Nintendo Switch. Un catálogo sólido (un juego al mes, que decían) y una mayor atracción de público joven va a llevar a Switch a vender 100 millones de unidades al final de su ciclo de vida. Y eso también piensa Nintendo, que prevé vender 20 millones el próximo año fiscal.
Y mientras cientos de miles de niños disfruten de sus maquetas de cartón con Nintendo Switch, los gamers rancios seguirán en su casa del árbol clamando porque no son el único target de Nintendo. Como si el mundo de los videojuegos les perteneciera o algo.
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