Dr. Mario es el claro ejemplo de como Nintendo ha disfrutado vilmente sobreexplotando hasta lo ridículo sus franquicias más prolíficas, porque en este caso nos encontramos con un extraño mix entre Mario y una especie de Tetris. Y que conste que no fue un mal juego, pero esto no quita para que el concepto del mismo haya que cogerlo con pinzas.
Ni argumento ni nada, para qué, si estamos ante un puzzle puro y duro de los de la vieja escuela. Al menos en este caso acertaron con lo de no inventarse ninguna absurda historia para justificar cómo Mario había cambiado sus herramientas de fontanero por la bata de médico y los koopas por unas bacterias hipervitaminadas. Sin duda hubiera sido curioso, pero mejor dejarlo así y que cada uno piense lo que quiera.
Antes de meternos en materia hay algo que es inevitable plantar en la mesa… ¿cuantos de vosotros habéis jugado a Dr. Mario? O mejor planteado, ¿cuantos de vosotros habéis jugado voluntariamente a este juego porque os gustaba y no porque fuese el que os viniese con la consola de turno y no tuvieses otro juego al que echarle el guante? No tengo muy claro cual habrá sido el éxito de las últimas adaptaciones de este “clásico” en cada consola nueva que ha sacado Nintendo (por si lo dudabais, tened claro que habrá un Dr. Mario NX), pero os puedo asegurar que el éxito de las versiones originales fue más bien escaso.
A pesar de que la versión de NES tuvo una acogida más bien discreta (eufemismo de los grandes), la de Game Boy fue algo mayor principalmente a que el juego llegó a venderse de manera conjunta a la consola. Y no es por nada, pero con la de juegos y packs de Game Boy que había para elegir, que se te presentasen en casa con el del Dr. Mario era para tirar consola y juego por la ventana sin ningún tipo de miramiento.
Y después de este momento hater me voy a centrar un poco en lo que el juego nos ofrecía, ya que para echar un par de partidas rápidas tampoco estaba mal del todo. La escenografía del juego nos presenta un Mario ataviado totalmente de médico y en el que la jugabilidad se desarrolla en el típico hueco de la pantalla reservado para los puzzles, con la particularidad de que en este caso tiene forma de bote de medicamentos.
En dicho bote nos encontraremos que antes de empezar el juego habrá situadas en él varias bacterias de distintos colores y con cara de tener muy mala uva. Nuestro objetivo será el de, literalmente, administrar la medicina adecuada para combatir a dichas bacterias, y el modo de hacerlo será el de controlar las píldoras que irán cayendo en la botella. La particularidad de estas píldoras es que las dos partes que la forman son de los mismos colores que lo son las bacterías, y he ahí la clave del juego. En cuanto juntemos un mínimo de cuatro piezas del mismo color (en forma de cuadrado o de línea recta) estas desaparecerán, así que nuestro objetivo será el de juntar un mínimo de tres piezas a cada bactería, porque si juntamos cuatro piezas de píldoras del mismo color también desaparecerán aunque no estén en contacto con ninguna bacteria.
La dificultad del juego reside principalmente en que la jugabilidad permite que queden “huecos” entre las distintas fichas, provocando que si no somos muy hábiles tengamos que dedicarnos a eliminar píldoras mal posicionadas antes de empezar a arrasar con las bacterias.
Otra de las dificultades a la que se enfrentaron los jugadores fue la poca variedad del título, siendo previsiblemente uno de los motivos de su bajo éxito.
Y a pesar de todo esto Nintendo jamás ha desistido y siempre nos sorprende de vez en cuando con algún juego “nuevo” (en el fondo sigue siendo más de lo mismo) basado en Dr. Mario. Que no seré yo quien les quite la ilusión de seguir haciéndolo, pero creo que más les valdría invertir el tiempo dedicado a estos juegos en otras franquicias de mucho más éxito y reconocimiento.