Boku no Hero Academia 2×23 sigue el camino marcado por el episodio de la semana pasada. Continúa con los exámenes prácticos y le dedica minutos a los secundarios de no tanto peso. Y, además, sigue profundizando en la que, creo, es la mayor aportación que está haciendo esta temporada; las visiones de lo que significa ser un héroe.
Las dos partes en las que se puede dividir el episodio están enfocadas a dar más posibilidades a esa visión. Pese a que parece, de primeras, mucho más distendido que los anteriores e insustancial, lo cierto es que demuestra varias cosas.
La primera es que, de nuevo, hasta el personaje más banal y secundario puede tener su hueco. Empezando por el director ratón, que ha protagonizado un cambio de papeles y ha sido él el ser inteligente que ha sometido en un experimento laberíntico a los estudiantes. Pero, al margen del ratoncillo, le ha tocado el turno a Koda, del que sabíamos prácticamente nada. No había mediado una palabra en todo el anime y hoy hemos visto (de manera muy superficial) parte de su trasfondo y su personalidad.
Esto no demuestra, ni de lejos, que sea un gran personaje, pero ayuda a crear la idea de que el mundo de Boku no Hero Academia está vivo. Todos sus personajes tienen aspiraciones y sueños y deben luchar contra las adversidades para conseguirlo. Para ganar el combate, por ejemplo, Koda debe hacer frente a su entomofobia. Un paso que es realmente duro pero, si quiere llegar a ser un héroe, tiene que superarlo. Ahí va una visión: el poder hacer frente a tus miedos y superarlos como medio para alcanzar tu objetivo.
Yo también soy entomofóbico, así que esta situación me ha hecho especial ilusión. Muestra que la serie no solo tratar con los grandes asuntos y con los villanos antisistema como Stain; también lidia con los problemas más “pequeños” y personales de cada persona.
Quién me iba a decir a mí que la segunda parte del episodio tendría como protagonista a Mienta y no me iba a producir el vómito. De hecho está hasta bien resuelta su parte. Explora una visión más simplista: el querer ser un héroe para ser popular. Y, dando un giro de tuerca al pensamiento lineal, Mineta llega a la conclusión de que los grandes héroes lo son porque son geniales. Y él también quiere ser genial.
Mineta se contagia, al igual que Uraraka, de la personalidad de Midoriya y su pensamiento: todo el mundo puede llegar a ser grande si se lo propone y si se esfuerza. No entraré a debatir ese mensaje, que me parece bastante arcaico, pero es una extensión interesante del “efecto Naruto”. O, en otras palabras, cómo el protagonista, pese a ser inferior que los secundarios, acaba volviéndose importante para todos por su capacidad para transmitir y sacar lo mejor de las personas.
Dicho de otra forma: hasta el desgraciado de Mineta tiene su minuto de fama sin dar puñetero asco.
PD: Y sí, la semana que viene, gracias a Bakugo, promete. Mucho.
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