¡Ay culpables! Si al nombrar a Konami lo único que os viene a la cabeza es Metal Gear o PES, qué equivocados que estáis. Konami siempre ha sido una compañía muy ligada a las salas recreativas. Sus arcades nos han asegurado largas horas de entretenimiento a cambio de algunas (muchas) monedas de cinco duros.
Uno de esos grandes clásicos arcade de Konami nos llegó en forma de western. Así es, un juego de “yo contra el barrio” ambientado en el salvaje oeste.
El juego nos permitirá elegir entre cuatro recompensas que recorrerán el salvaje oeste para dar captura a los más temidos forajidos que se encuentran en búsqueda y captura. Por supuesto, nuestros héroes no son ningunos santurrones y no durarán ni un momento en acabar con quien se interponga en su trabajo, y por supuesto, siempre estarán bien dispuestos para cobrar la recompensa de truno.
El grafismo del juego, aunque típico, muestra un colorido sorprendente para la ambientación del mismo. Y es que no deja de ser un juego bastante desenfadado, con cierto toque de humor y cachondeo. De hecho, se podría decir que nuestros cowboys son bastante horteras. Tres de los personajes, de aspecto más típico de vaquero, lucirán trajes de color amarillo, azul y verde respectivamente. Que bueno, no es que estuviese ahí para verlo, pero no creo que en la época llevasen ropa tan chillona. Y el cuarto, de aspecto más mexicano (simplificando mucho la descripción), irá vestido en tonos rojos. Vamos, todos muy discretos.
A pesar de lo horteras que son, como buenos pistoleros, repartirán justicia allá donde haga falta.
El sistema de juego, a pesar de estar bastante manido y común, nos sorprenderá con ciertos detalles, y es que se podría decir que el juego nos presenta tres modos de juego en uno.
El más común es el de ir avanzando por las calles de los pueblos disparando a todos los enemigos que se presten a enfrentarse a nosotros, muy al estilo de otros juegos de este tipo. Otra modalidad de juego bastante más típica en juegos de disparos, sobre todo ambientados en el oeste, nos sitúa en fases que podríamos denominar como estáticas. Estas situaciones, se nos presentarán normalmente para enfrentarnos contra mid o final bosses. Estaremos frente alguna edificación o escenario en el que irán apareciendo enemigos. En estos casos, los controles cambian ligeramente. Horizontalmente, podremos seguir manejando a nuestro personajes, pero también controlaremos una mirilla, la cual podremos mover también verticalmente. Y la tercera modalidad que podremos experimentar en el juego está basada en un scroll automático. En estas fases, iremos montado a caballo. Deberemos derribar a nuestros enemigos de sus monturas. Y normalmente, estas fases consistirán en tener que perseguir alguna diligencia o carreta en la que se encuentra el enemigo de turno.
Como curiosidad, en algunas fases normales, deberemos sortear estampidas de ganado. Sí, sí, como suena. La verdad es que son de los momentos más divertidos del juego. En este momento, deberemos saltar para subirnos sobre la masa de vacas que se dirige a nosotros y correr sobre ellas. La imagen de ver correr a nuestro vaquero desesperádamente sobre una estampida de vacas es bastante divertido.
En el juego también hay otro detalle bastante gracioso, y políticamente incorrecto. Podremos meternos en ciertos locales, digamos… el Saloon, por ejemplo, para que una señorita muy cariñosa nos ayude a recuperar parte de nuestra energía. A base de… um… bueno, dejémoslo a la imaginación de cada uno.
Para lo que solían ser este tipo de juegos, que respresentaban a personajes altamente estereotipados, el look colorista y desenfadado le otorgaba un carácter propio, divertido y jocoso. Lo cual, aseguraba a Konami que nos fundiésemos la paga en su máquina y no en otra.
Y como no, el hecho de poder llegar a jugar hasta cuatro personas a la vez, es algo que siempre me ha gustado en este tipo de arcades. La cooperación, los piques por coger un objeto antes que otro… Sunset Riders es diversión asegurada.