Análisis de Siege Survival: Gloria Victis para PC, un poco de todo en medio de un asedio

Un juego de gestión con poca personalización. Esto os lo contamos en el análisis de Siege Survival: Gloria Victis.

Cambiemos un poco de tercio y pasémonos al mundo de la estrategia, culpables. Hablemos largo y tendido con este análisis de Siege Survival: Gloria Victis para PC sobre lo que es la estrategia, la escasez de recursos y las repercusiones de las decisiones que vamos tomando en una historia. Porque este título llega con un batiburrillo de cosas interesantes como un sistema de gestión, sigilo, asedio y demás elementos que, a priori, funcionan bastante bien.

Sin embargo, y sin ánimo de haceros análisis-spoiler, cuando llevas unas cuantas horas jugando, la cosa no casa tan bien como cabría esperar. Pocas ramas, un camino más o menos encorsetado y una historia que es relativamente corta hacen que el juego desluzca un poco al final. Pero por suerte, parte de esto se subsana con la creación de contenido y de historias propias.

Pero vamos a ir paso a paso (cómo me gusta repetirme en las introducciones de los análisis), porque hay mucho que contar.

Un sofrito de gestión de recursos

Siege Survival es un juego donde predominará la gestión de recursos. Pero una en la que realmente tendremos muy pocos recursos a los que echarle mano. Podríamos decir que la madera o la piedra son casi como las balas en los primeros Resident Evil: bienes que hay que cuidar con sabiduría y tesón.

El motivo de esta escasez de recursos es simple: nos han machacado la ciudad a base de bien y estamos encerrados en un pequeño bastión que apenas da para que separemos la zona de dormir con la de hacer el potaje de rata.

Nosotros podremos decidir, más o menos, cómo empezamos de recursos y a partir de ahí ya será cosa nuestra y de la planificación.  Nuestro objetivo será el de mantener las tropas alimentadas, animadas y con material de lucha a la vez que no nos hundimos en la desesperación y la depresión. Suena perfecto para un fin de semana de asueto ¿eh?

Con esto en mente, Siege Survival nos ofrece una serie de construcciones que podremos ir haciendo para controlar estos elementos. Por ejemplo, tendremos la «cocina», un bol con fuego debajo con el que haremos las comidas más básicas. O unos secaderos que nos permitirán mantener la comida en buen estado y conseguir fibra de calidad a partir de hierbas frescas.

Estas construcciones se podrán ir mejorando poco a poco para obtener mejores recursos o ser más efectivos. Así al principio, de un tronco podremos sacar tres tablones listos para construir cosas y cuando avancemos conseguiremos casi el doble del mismo material. Lo mismo pasará con la comida o con los tiempos de producción.

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El principal problema está en que al tener tan pocos recursos, la cosa avanza o muy lentamente o con muchos traspiés. De hecho, la mayoría de los recursos que obtendremos los sacaremos de los saqueos de la ciudad. Y dependiendo de por dónde vayamos encontraremos unos u otros. Esto hace que incluso podamos llegar a un punto muerto al no tener materiales para fabricar herramientas que nos permitan avanzar en las incursiones a la ciudad. Y sin incursiones no hay recursos… es una pescadilla que se muerde la cola.

Tampoco hay una gran variedad de construcciones. Muchas veces nos veremos obligados a repetir los mismos pasos una y otra vez hasta conseguir el material que necesitamos ya que muchos dependen del tiempo. Por ejemplo fundir metales, secar telas o cazar ratas. Si a esto le sumamos que las tropas consumen lo más grande, al final veremos que la mitad de nuestros recursos (como mínimo) ni los olemos. Y puede frustrar.

El otro problema es que realmente no podemos hacer mucho con la personalización. El camino que se nos marca en la campaña principal está casi guiado y aunque queramos salirnos del camino y hacer otras cosas, al final tendremos que ir al camino marcado porque si no llegaremos a un callejón sin salida.

Un acompañamiento de sigilo y exploración a la plancha

Como hemos dicho, las incursiones en la ciudad son el pan de cada día. O mejor dicho, de cada noche. Cuando la ciudad asediada duerme es nuestro momento de ir a ella para intentar encontrar alguna cosa útil. Comida, materiales de construcción, madera o incluso armas.

Para ello tendremos que elegir a un personaje de los que controlamos para mandarlo a buscar cositas. Cada uno de ellos tendrá unas capacidades distintas y será más o menos apto para ir a explorar. Algunos tendrán más espacio en la mochila para cargar, otros serán más fuertes y otros tendrán más ingenio. Tendremos que ir alternando entre ellos por varios motivos. El primero es porque se cansan, y si se agotan se nos mueren, como los Sims. Igual enferman antes, pero el final es el mismo: al hoyo.

En segundo lugar porque hay eventos por la ciudad que requerirán que actuemos con un tipo de personaje determinado. Por ejemplo, pegarle a un cura con el personaje más fuerte hará que lo mates. Pero ir con uno menos ducho en el combate solo lo dejará K.O. Otras zonas requerirán de empujones fuertes o maña y depende de dónde nos metamos podremos obtener un resultado mejor o peor según llevemos a un investigador o a un diplomático.

Las mecánicas en ciudad son totalmente distintas a las que vemos en el campamento. Aquí nos moveremos cual Commandos (pero sin habilidades) e iremos saqueando lo que pillemos a nuestro paso. Al movernos haremos ruido pero si vamos despacito no nos escucharán.

Eso sí, tenemos un tiempo límite ya que se hace de día, y cuando amanece nos ve todo dios y nos perseguirá. Esto hará que las alarmas salten y que al día siguiente sea más difícil pasar desapercibido.

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El problema radica en que el camino ya está marcado. Hay posibilidad de elegir algunas rutas, pero el mismo juego nos indicará a dónde ir en función de lo que necesitemos. Al principio será muy necesaria la madera. Luego los metales. Y por último es mejor tirar por los comerciantes que encontraremos en la ciudad.

A veces es tan guiado que incluso podemos, como dije antes, llegar a un punto muerto en el que necesitamos una pala para despejar un camino… ¡pero no tenemos materiales porque los hemos usado para cocinar! Si hemos elegido «mal» la zona que despejar al principio, igual no tiene mucha madera y, por lo tanto, nos quedamos en escasez. Y esto implica empezar desde donde guardamos… o desde el principio.

Una pizca de asedios y combates

El otro punto que tiene el juego en cuanto a jugabilidad es el combate de las tropas. Nosotros no los controlaremos, solamente seremos sus proveedores de «cosas». Nuestro objetivo es que estén contentos, alimentados y con armas y defensas. Así, cuando los malos ataquen tendremos menos bajas y más posibilidades de ganar y obtener recursos.

Las tropas nos irán pidiendo de todo un poco. Comida, bebida, ropa, materiales de curación, flechas… incluso llegará un momento en el que podamos echarles una mano con algún que otro artilugio. Al principio tendremos un pequeño margen de acción, pero en cuanto el juego arranque un poco veremos que nos piden cada vez más.

El agua es muy preciada y la comida nos las quitan de las manos. Las armas, por suerte, no se gastan tan rápido, pero tendremos que arreglarlas cada vez que haya un asalto.

Conforme avancemos en el juego podremos ir rescatando o convenciendo a personajes por la ciudad para que se nos unan. Esto hará que podamos crear más cosas pero, a la vez, consumirán más recursos. Y conseguir el equilibrio entre lo que nos quedamos y lo que mandamos es muy complicado. Sobre todo por lo «guiado» que está el modo campaña.

Conseguir alimento y metales se hace necesario si no queremos que nos destruyan nuestra pequeña zona de resistencia y eso, nuevamente, pasa por tener unas estructuras muy determinadas y que prácticamente siguen siempre el mismo orden. He intentado varias veces cambiarlo y el resultado ha sido nefasto.

Primero agua y comida. Así que tienes que ir a por las trampas para ratas, los piensos para las gallinas y el colector de agua de lluvia. Una vez tengas un suministro medio asegurado, pasar a las telas y los metales. Las plantas serán muy necesarias, así que hay que crear cultivos y secaderos. Los metales son prácticamente solo obra de la ciudad y la madera y la roca igual.

Como digo, todo muy guiado, lo que hace que la personalización sea, prácticamente, cambiar las cosas de sitio.

Análisis de Siege Survival: Gloria Victis

Siege Survival es un buen juego de gestión… hasta que lo juegas tres veces. Es exigente, realista y con un toque de humor negro. Las incursiones le meten un poco de acción al asunto y la ambientación es buena. Sin embargo el juego marca mucho lo que puedes y lo que no puedes hacer aunque no te lo diga directamente.

Los caminos y las bifurcaciones son simples y muchas veces predecibles, pero si fallas hay que volver a empezar. El resultado es que lo rejuegas no porque quieras, sino porque te obligan. Sí que es cierto que hay un modo para crear tu propia campaña, pero tampoco es que sea la salvación del título.

Si te gusta el mundo de Gloria Victis y su historia, el juego es un buen complemento para darle. Pero si buscas un juego de gestión que te permita liberar y probar cosas, quizás te quedes con ganas de más.

Análisis de Siege Survival: Gloria Victis para PC, un poco de todo en medio de un asedio
Apartado Artístico
8
Jugabilidad
7.5
Diversión
6
Rejugabilidad
6
Nota de lectores0 Votos
0
Nos gusta
la presión sobre los recursos
Puede mejorar
los raíles sobre los que va la historia principal
las opciones de personalización
6.9